LA BELLEZA DE LA IMPERFECCIÓN

Viendo las horas y horas que le dedican al practicar los profesionales, tanto músicos como golfistas, está claro que no están ahí por casualidad, a parte de un talento descomunal, necesitan trabajar y mucho para que este aflore y lleguen a ser esas personas que admiramos, que nos hacen vibrar y disfrutar como pocas cosas en esta vida. Pero en esa búsqueda de la perfección, precisamente lo que nos queda son esos pequeños matices de “imperfección” que nos hacen humanos y que hacen, por un lado que no dejemos de aspirar a más y por otro que nos sea más cercano y reconocible. Un ejemplo, en los secuenciadores e instrumentos virtuales de música los cueles utilizan sistemas de lenguaje métricamente “perfectos” hay opciones de añadirle “imperfecciones” a la ejecución, para asemejarlas a lo que haríamos los humanos, ya que si no suena a lata directamente y nuestro oído no lo asimila como algo natural, algo similar a cuando asistimos a los conciertos de música en vivo, nunca la misma obra sonará dos veces exactamente igual, de la misma forma que por mucho que se juegue un campo seremos capaces de repetir esa partida, aunque firmemos los mismos golpes.

 

 

 Creo que justamente eso, ese factor de sorpresa de encontrarnos con matices nuevos aunque volvamos a enfrentarnos con algo que de antemano pudiera parecer que es lo mismo es lo que hace que sean tan apasionantes… bendita imperfección.